La oscuridad es parte de nosotros - Capítulo 1




1:58 am.
Me encuentro en el edificio.
Aún se oyen las sirenas que pertenecen a seguridad ciudadana, hace unos momentos bajaron más personas que viven en el tercer piso. Sé que es mi deber, asegurarme que todos se encuentren a salvo... pero... no puedo hacer mucho, mis piernas no dejan de temblar. Un sonido de pánico se oye a la vuelta, son gritos... Todo esto empezó hace 25 minutos, cuando se escuchó un estruendo, diría que fue cerca a la avenida Primavera, no estoy seguro, pero no podía entender lo que sucedía.
Inmediatamente se fue la luz, pero, no de donde se escuchaba el terrorífico sonido, uno que te enfría la sangre,  en esa dirección el cielo se asemejaba a un amanecer, tanto que opacaba la tenue luz perteneciente a la luna, la cual por alguna extraña razón se opacaba más y más.

Los niños se impacientan, el pequeño salón de recepción está copado del resto de familias que no decidieron salir a pasar el feriado a otro lugar, temiendo por un terremoto, decidieron bajar de sus departamentos. Parecen tener todo bajo control, pero yo no puedo sentirme igual, incomunicado de mi familia, como podría.

2:13 am.
Estoy listo. Guarde en mi mochila, que llevo siempre conmigo, todo lo necesario para irme de aquel lugar donde trabajo, los señores propietarios me exigieron ir a averiguar qué es lo que ha sucedido.
Aunque estimo a algunos de ellos, otros aún en momentos como este, no cambian.
Pero lo siento por ellos, porque si la situación es tan grande como creo que es, no volveré.
Decido no decir nada respecto a las indicaciones y exigencias que sostenían respecto a mis deberes como su empleado. Y me voy.
La avenida Reynaldo de Vivanco, por la que transito cada día, desde hace dos años, tiene un aspecto sombrío. Mi meta es llegar al paradero próximo el cual se encontraba en la avenida más transitada de día, la Panamericana. Pero, de pronto el murmullo de aquellas familias que decidieron esperar fuera de sus casas, resuena en mis oídos como si se tratase de lamentos en unísono, llenos de miedo. Intento desesperadamente acallar esos murmullos que no soportaría incluso hasta al más inmutable personaje que admiro, Epicteto.
Cuando estoy a una distancia donde pierdo de vista el edificio de donde provengo, puedo ver acercarse desde la dirección en donde se encuentra la intersección entre la avenida que sigo con la Av. Panamericana, una camioneta perteneciente a la seguridad ciudadana, a su vez, uno de los ocupantes abre la ventanilla del automóvil y exclama con voz ronca:
-          "Por favor manténganse en sus casas y esperen a que las autoridades resuelvan esto, permanezcan en calma. La situación de emergencia es a nivel Nacional. Repito...".
A nivel nacional. No lo podía creer, que era lo que estaba sucediendo en esta parte del mundo. Y que era lo que exactamente sucedió donde se veía un extraño resplandor, que de la dirección desde donde me encontraba era como un amanecer en el horizonte. Mi preocupación aumentó. Las líneas telefónicas no responden desde lo sucedido, no es como si, debido a una gran demanda por realizar llamadas, congestionaran las líneas, no, desde ese momento simplemente las señales de todos los teléfonos celulares y radios dejaron de funcionar .
Cuando se aleja el automóvil, a pesar de que las personas gritaban por una explicación más especifica cuando lo tenían en frente, el automóvil de seguridad municipal, no se detuvo. Sentí más necesidad de irme rápido a mi hogar… (¿Se encontrarán bien?) Mi mente mantuvo esta pregunta el tiempo en que el auto se alejaba de mi vista.
El frío que sentía debido a la estación, y la hora nocturna, dejó de afectar mi cuerpo y mente, porque el sentimiento de querer sacarme las dudas que tenían en mi cabeza, tomaban más fuerza.
2:20 am.                                                                                                                                      El extraño resplandor, se empezó a opacar desde hace media hora. El cielo había vuelto a su estado normal de madrugada aunque más oscura que lo usual, las sombras de las calles por las cuales pasaba, eran divididas con las luces de los autos pertenecientes a los ciudadanos. Era un alivio saber que me encontraba en Surco, un distrito donde uno puede sentirse un tanto seguro, debido a la clase de sociedad que la caracteriza. Aún existían personas que mantenían la calma, se encontraban con sus autos y procuraban que  estos pudiesen alumbrar lo mejor posible en medio de ese oscuro amanecer, debido a que la iluminación natural de la luna era anormalmente opaca.
Cuando me encontraba a dos cuadras de llegar a la gran avenida, pude ver a un grupo de personas, que se mantenían a la espera, parecía como si su impaciencia por ver salir al hombre de su automóvil, el cual era el objetivo de su atención, los inundaba de miedo y curiosidad. Diría que eran familiares, pero extrañamente el hombre de edad que parecía tener como 60 años, tenía una mirada vacía. Intenté hacer lo posible por ignorar a esas personas, y decidí seguir recto a mi destino. Pero escucho a una de las personas decir…

Continúa en el Capítulo 2.
Autor - Dennis P.

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